jueves, 11 de marzo de 2010

La Xunta de Galicia se toma a chirigota el Día de la Mujer Trabajadora

Para poder gobernar en democracia, a la derecha no le basta con los votos de sus "hooligans", sino que necesita el voto de mucha más gente, de aquellos que se mueven en lo que se ha venido a denominar "centro democrático". Se trata de aquellas personas que no tienen una ideología definida o que no se sienten identificados con ningún partido político en concreto. Para conseguir el voto de este sector "ambiguo" de la población, el lobo necesita vestirse de cordero, pero sin dejar de ser un lobo, no sea que sus radicales se le espanten.

Es en el contexto de esta maniobra de maquillaje en el que debemos englobar acciones como la que el pasado lunes tuvo lugar en Santiago de Compostela, con motivo de la celebración del Día de la Mujer Trabajadora. El Partido Popular, consciente de que no puede permitirse el lujo de ignorar efemérides como estas, se ve obligado a realizar actos de propaganda que convenzan a sus potenciales votantes de su bondad en materia de igualdad y de defensa de los derechos de la mujer. Sin embargo, la falta de práctica en este tipo de acciones, les lleva más bien a hacer el ridículo y, en consecuencia, a quedar en evidencia.

Al conselleiro de economía de la Xunta de Galicia, Javier Guerra, no se le ocurre otra cosa que disfrazarse de ama de casa, con mocho y plancha incluídos (en realidad se trataba de globitos de colores, convenientemente manipulados), mientras la conselleira de trabajo, Beatriz Mato, hacía las veces de marido trabajador, que llega a casa después de una dura jornada. Ambos protagonizan el numerito ante la mirada impasible del Presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijoo, así como de otros miembros del gobierno regional.

La supuesta intención era denunciar los roles sexuales instaurados en nuestra sociedad, defendiendo la libertad de la mujer para decidir. El resultado final nos dice que la Xunta de Galicia, o al menos algunos de sus miembros, no se toman demasiado en serio los problemas que miles de "mulleres" tienen en Galicia cuando pretenden competir en igualdad de condiciones que los hombres en el mercado laboral. Hacer un espectáculo con globos de colores no es la manera más adecuada ni efectiva (ni por supuesto seria) de luchar contra la discriminación de género o los agravios comparativos que tanto mujeres como otros colectivos sufren a diario en este país. Se esperan disculpas forzadas, explicaciones vacías y acusaciones de demagogia como respuesta, pero detrás se esconde lo mismo de siempre: los derechos de la mujer no son cosa de la derecha española, no les importan, no los han defendido nunca y no lo van a hacer ahora.

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